viernes, 21 de noviembre de 2008

Respondiendo dos preguntas suspicaces


A propósito de la publicación de los avances sobre la matanza perpetrada por las FPL en el frente paracentral, pero sobre todo por la puesta en circulación del libro esta misma semana, algunos lectores me han preguntado por qué hablar de estas cosas tan graves precisamente en estos momentos, y cuando el señalado como máximo responsable de esa barberie es Salvador Sánchez Cerén, candidato a la vice presidencia de la república por el FMLN.

Geovani Galeas
Director Centroamérica 21
redaccion@centroamerica21.com

La respuesta es muy sencilla: precisamente este es el momento más adecuando para sacar a luz esos hechos, puesto que el electorado tiene derecho a conocer en todo lo posible la trayectoria de quienes le piden su voto. Escrutar hasta el último detalle de la vida pública de quienes pueden ocupar cargos relevantes para el destino nacional, es lo más normal y necesario en cualquier democracia.

Pero, preguntan otros, ¿por qué hablar de la matanza del frente paracentral y no de la del Mozote, la del Sumpul o la de los padres jesuitas? También es sencilla la respuesta: esos hechos ya han sido abundantemente investigados y hechos del conocimiento público en todos sus detalles, incluso por la Comisión de la Verdad. Por el contrario, las más de mil ejecuciones ordenadas por las FPL, contras sus propios combatientes y colaboradores civiles, ha sido acallada hasta ahora.

Víctimas inocentes fueron aquellos. Víctimas inocentes son estos, y en ambos casos hay responsables y familias adoloridas. Lo perverso es pedir reivindicación y justicia para unos, y solicitar indiferencia y olvido para los otros, castigo para unos asesinos y premio para otros asesinos. En este punto no hay discusión posible, dado el tamaño de la incoherencia.

Haber ordenado más de mil ejecuciones de combatientes y colaboradores civiles es una monstruosidad sin nombre, pero es aun más perverso seguir mancillando la memoria de esos inocentes, y aumentando el dolor de sus familiares, al seguirlos llamando traidores e infiltrados. Y eso es justamente lo que con el mayor de los cinismos sigue haciendo Salvador Sánchez Cerén.

La mayoría de los torturados y ejecutados eran combatientes revolucionarios, muchos de ellos con credenciales de lucha incluso superiores a las de los actuales dirigentes del FMLN. Estamos hablando de fundadores del trabajo campesino de las FPL, de jefes de destacamentos guerrilleros, de miembros de las Fuerzas Especiales Selectas insurgentes, de profesionales urbanos que lo abandonaron todo para subir a las montañas.

Nadie que haya militado en las FPL desconoce sus nombres y sus ejecutorias, ni puede, con la mano en la conciencia, sostener que fueron traidores. Quienes no fueron a la guerra pero que ahora en la paz se dicen más revolucionarios que quienes combatieron, lo menos que podrían hacer, en lugar de vociferar insultos y amenazas contra los autores de este libro, es preguntar a los antiguos militantes de las FPL si lo los testimonios que hemos consignado son verdaderos. Les adelanto la respuesta: o será un sí rotundo, o un silencio culpable y con la mirada al suelo.

http://centroamerica21.com/edicion84/pages.php?Id=544

jueves, 20 de noviembre de 2008

Si roban tu dinero.... que no serán capaces de hacer!!!


Por quién vas votar?

Por estos sinvergüenzas o por un candidato que va a generar empleo con salario digno para los salvadoreños

Recuerda, no te equivoques a la hora de votar

Reclaman a Sánchez Cerén por asesinatos

Al candidato a la vicepresidencia por el FMLN le han pedido respuestas por el ajusticiamiento de guerrilleros en San Vicente.
Escrito por Amílcar Mejía

La vez pasada visité el local del 1316 con la intención de hablar con ellos y que me digan por qué lo mataron y dónde lo enterraron.” Los que me tienen que dar respuesta ante esto es el señor Salvador Sánchez Cerén y Milton (Medardo González).”Daniel Romero, ex guerrillero.

Un ex combatiente del FMLN responsabilizó ayer al candidato a la vicepresidencia del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, de ser autor intelectual de una oleada de ajusticiamientos sumarios ocurridos durante el conflicto armado, en el denominado Frente Paracentral, en el que fue asesinado su hermano.

Daniel Romero, conocido durante la guerra con el alias de “Tilo”, dijo que Sánchez Cerén, al igual que el resto de integrantes de la comisión política de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), avaló las ejecuciones sumarias que desarrollaba el comandante “Mayo Sibrián” en el sector de San Vicente, donde fue asesinado su hermano, conocido con el seudónimo de “Lucas”.

“La comisión política de las FPL es la que daba el aval, el visto bueno, verdad, para que ... primeramente se torturaran y asesinaran a los compañeros”, dijo Romero, durante la “Entrevista al Día” de Canal 12 de televisión.

Romero manifestó que ha buscado a Sánchez Cerén y a Medardo González, actual coordinador del FMLN e integrante de la cúpula de las FPL durante la guerra, para que le expliquen cómo se produjeron los acontecimientos que desembocaron en la acusación de “infiltrado” contra su hermano, pero no ha recibido respuesta.

“La vez pasada visité el local del 1316 (sede central del FMLN) con la intención de hablar con ellos y que me digan por qué lo mataron y dónde lo enterraron”, afirmó el ex combatiente de la guerrilla.

De acuerdo con Romero hay testimonios de que a los combatientes tanto mujeres como hombres, que acusaron de infiltrados del ejército, también les aplicaron torturas.

En el caso de su hermano, el ex combatiente asegura, este fue señalado por el mismo mando de las FPL de ser un infiltrado, a pesar de que “Lucas” había sido un combatiente con largatrayectoria.

“Este fue señalado por el mismo mando de las FPL, en este caso, por Leonel González (Sánchez Cerén) que era uno de los compañeros infiltrado”, expresó Romero, aunque no dio explicación sobre la aseveración.

Mayo Sibrián fue ajusticiado, en 1991, luego de un juicio sumario dirigido por la cúpula de las FPL. Este capítulo no figuró en el informe de la Comisión de la Verdad, pues las FPL dieron por cerrado el caso, con la muerte de Sibrián.

Pero Cárcamo, quien estuvo acompañado en la entrevista por el escritor Geovanni Galeas, quien ha trabajado en un libro sobre el caso, está buscando respuestas.

http://www.laprensagrafica.com/index.php/el-salvador/judicial/1795.html

El costo político del fraude en Nicaragua‏


Carlos F. Chamorro
cartas@elfaro.net

¿Cuánta gente votó en Managua por el candidato del FSLN, Alexis Argüello? En el 2000 Herty Lewites ganó la alcaldía de Managua para el FSLN con 135 mil votos. En el 2004 Nicho Marenco obtuvo 145 mil votos. En las presidenciales del 2006, Daniel Ortega obtuvo 162 mil votos. Y ahora el CSE le atribuye al candidato del FSLN Alexis Argüello más de 223,000 votos.

Este "crecimiento" inverosímil en la votación del partido de gobierno, superando el resultado presidencial con más de 60 mil votos en una municipal, ya es suficiente motivo para sospechar un fraude. Pero si existiera alguna duda, el conteo del 97% de las actas oficiales en poder del Movimiento Vamos con Eduardo, le otorgan al FSLN 198 mil votos. Y aunque se le atribuyera el 100% de la población electoral existente en las 22 juntas que se encuentran desaparecidas, Argüello no sumaría nunca más de 206 mil votos, contra 216 mil del candidato de la Alianza PLC, Eduardo Montealegre.


Otra pregunta pertinente es cuántas personas votaron en Managua por Eduardo Montealegre, y cuántos votos le fueron anulados o arrebatados en la adulteración de las actas. Pero basta la evidencia de que, aún tomando en cuenta los votos anulados, y las actas desaparecidas, los datos oficiales- antes de ser adulterados por el CSE- le dan una ventaja considerablemente sobre Argüello, 51% vs. 46%.

Estamos ante un acto delictivo que representa el peor retroceso en la historia de la democracia electoral de Nicaragua -que es una herencia positiva de la revolución sandinista-. Y no es que las elecciones que se efectuaron desde 1990 hayan resuelto los problemas del país, pero al menos sentaron las bases de la convivencia para enterrar la violencia como método político y dirimir los conflictos de manera pacífica. El fraude del domingo pasado representa una nueva traición a los ideales y al legado de la revolución. El presidente Daniel Ortega está haciendo retroceder a Nicaragua a la época del dictador Anastasio Somoza García, cuando el fraude se organizaba de manera igualmente descarada.

En América Latina, el fraude electoral parecía ya cosa del pasado. Pero Ortega, que se autoproclama promotor de la democracia directa, está reviviendo las tácticas del General Noriega que se robaba las elecciones a garrotazos en Panamá, o las truculencias utilizadas por Fujimori en el Perú cuando se las quiso robar en el 2000. En México, cuando el PRI le robó las elecciones a Cuauhtémoc Cárdenas en 1998, se acuñó aquella famosa frase: "se cayó el sistema", al detenerse el sistema de cómputos, supuestamente por una falla de energía. En Nicaragua todo el país fue testigo de cómo el Consejo Supremo Electoral paralizó el sistema de conteo en Managua. Los votantes de más de 600 juntas receptoras de votos de la capital nunca pudieron ver el resultado de sus juntas en las actas publicadas por el Consejo. Se trata de más de 120 mil votos que no fueron publicados porque evidentemente en muchas de esas juntas perdía el candidato del partido de gobierno.

Gracias a las publicaciones de las actas oficiales que ha hecho en los periódicos el Movimiento Vamos con Eduardo, y a la información que está en su sitio web, ahora sabemos quién ganó y quién perdió en cada junta receptora de votos. Y por eso se puede concluir con certeza que la elección de Managua la perdió el candidato del Frente Sandinista.

Pero las irregularidades que ocurrieron en esta elección no se limitan al municipio de Managua, sino que irradian a nivel nacional. En una elección presidencial, es probable que las anomalías que puedan suceder en un número considerable de Juntas no alteren una tendencia nacional. Pero cuando de trata de 146 elecciones locales, en cada elección 50, 100, 200 votos, un sola junta hace la diferencia como se está demostrando en la alteración de los resultados de la voluntad popular en León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Juigalpa, Boaco, Teustepe, San Lorenzo, Sébaco, y muchos otros municipios del país.

Una de las consecuencias de este descalabro del sistema electoral es que ya no se sabe a ciencia cierta en qué municipios ganaron de forma limpia los candidatos del FSLN. Porque incluso los partidarios del FSLN que participaron de buena fe en este proceso electoral han sido convertidos en rehenes de la ambición de poder de un liderazgo autoritario, que persigue convertir en cómplices del fraude a todos sus votantes. Un liderazgo irresponsable que calculó que para ellos resultaba peor admitir la derrota en Managua y otros importantes municipios del país antes que pagar el incalculable costo político de perpetrar un fraude. Y prefirió colocar al país al borde del caos en una escalada de violencia, que de paso apunta a sacrificar a la Policía Nacional, antes que aceptar la voluntad popular.

Al recurrir al fraude electoral, el presidente Ortega está sepultando su propio proyecto político, si es que de verdad alguna vez pretendió hacer un gobierno de "unidad y reconciliación nacional". El fraude evidencia que, después de casi dos años de gestión, los programas sociales asistencialistas del gobierno -hambre cero, usura cero, casas para el pueblo, etc…- son necesarios para mantener cohesionada a la base del orteguismo a través de una relación clientelista administrada por los CPC, pero no son suficientes para construir una mayoría política. Al fracasar, Ortega admite que sólo puede seguir gobernando de forma sectaria para sus partidarios, mientras impone el miedo y la intimidación al resto de la sociedad.

Pero el mayor costo del fraude es el derrumbe de la confianza nacional, la pérdida de la legitimidad política del gobierno y la tendencia al aislamiento internacional. Una crisis que al traducirse en inevitable reducción de la ayuda externa tendrá un impacto negativo en la economía nacional y en la vida de los más pobres. No porque Nicaragua sea víctima de alguna suerte de conspiración internacional, como alega el gobierno, sino porque al apostar por el fraude Ortega decidió quemar sus puentes con aquellos gobiernos y entidades cooperantes con los que compartía compromisos democráticos -los miembros de la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos, la OEA y eventualmente los organismos multilaterales Banco Mundial y BID-, para someternos a un alineamiento exclusivo con el régimen de Chávez en Venezuela. Otra oportunidad perdida para la nación: esta vez sin guerra ni agresión imperialista el mesianismo de Ortega es el único culpable de su profecía autocumplida. La pregunta del millón es si con la caída de los precios del petróleo Chávez tiene la voluntad y la posibilidad de brindar un sostén económico duradero al proyecto autoritario de Ortega.

Nicaragua vive hoy días de gran incertidumbre. Estamos ante el colapso del Consejo Supremo Electoral que fracasó incluso como un ente bipartidista, porque el PLC se convirtió en un socio minoritario del FSLN. El Consejo Supremo Electoral y los operadores políticos del orteguismo se fusionaron en un mismo cuerpo. Se necesita, por lo tanto, una reforma profunda del sistema electoral, para restablecer la confianza en las elecciones futuras. Pero antes de llegar a ese punto, es imperativo resolver esta crisis. Y la única salida es volver al conteo de las actas a nivel nacional, bajo una observación nacional e internacional independiente.

El fraude puede y debe ser derrotado por la resistencia cívica, por la protesta pacífica y la movilización de la mayoría de la población que rechaza la violencia y la intimidación. Lo que resultaría intolerable, y hay que advertirlo ahora que nos acercamos al borde del abismo, es que desde la cúpula del PLC se intente negociar con Ortega y a espaldas del pueblo el resultado de la voluntad popular.

Prueba de carácter


Por Paolo Lüers*

Una vez que el ex presidente Alfredo Cristiani está siendo demandado en España por el asesinato de los padres jesuitas, la sociedad salvadoreña tiene que reaccionar: el gobierno, los partidos, las iglesias, los hombres y mujeres que junto con Alfredo Cristiani firmaron los Acuerdos de Paz, y quienes fuimos protagonistas del conflicto bélico que fue sellado con esta refundación del país y, aunque no les gusta reconocer a algunos, con la amnistía para ambos bandos.

Entiendo la necesidad de tener instancias internacionales que pueden generar justicia cuando las nacionales no lo hacen. Si mañana el gobierno venezolano (o el colombiano, o cualquier otro) comete terrorismo de Estado y al mismo tiempo tiene capacidad de impedir que la justicia nacional pueda enjuiciar a los culpables, se necesitan cortes internacionales o de otros países. La mera existencia de estas instancias tiene fuerza preventiva.

Entiendo el derecho y las motivaciones de los familiares del padre Martín Baró de buscar justicia por la muerte de su ser querido. Si no la encontraron en El Salvador, lugar del crimen, tienen derecho de buscarla en su país.

Sin embargo, como ex-integrante de una de las fuerzas beligerantes que firmamos la paz, no puedo aceptar que el hombre a quien dimos la mano para sellar la paz, hoy (16 años después) sea puesto en el banquillo de acusado por su actuación en el conflicto. La acusación actual contra Alfredo Cristiani no es un ataque a un ex-adversario, es un ataque a la esencia de los acuerdos que hemos negociado. Por tanto, todos los que hemos construido la paz, nos toca defender a Alfredo Cristiani para proteger la paz. No es por simpatía. No es por considerarlo libre de culpa. Es por razón del Estado y de la paz.

Ignacio Ellacuría, uno de los padres jesuitas víctimas, fue asesinado porque aportó activamente a crear las condiciones para hacerla posible. Frente a la izquierda, Ellacuría argumentó contra la posición que consideraba que sería inmoral negociar con "los escuadroneros de ARENA" y con "los genocidas del alto mando". Y frente a la derecha --precisamente frente al presidente Cristiani-- Ellacuría argumentó contra la posición que consideraba inmoral negociar con los comandantes guerrilleros, responsables de secuestros y asesinatos políticos.

El padre Ellacuría hablaba con Cristiani, argumentaba con Cristiani, precisamente porque había que hablar con el hombre que tenía poder sobre los escuadroneros y los generales. Y hablaba con Joaquín Villalobos y Schafik Handal, precisamente para que se sentaran con Cristiani a negociar, a buscar entendimientos, a construir salidas. Siempre he pensado que Ellacuría fue asesinado precisamente porque tenía éxito en esta labor. Fue asesinado para detener la negociación.

Es absurdo querer enjuiciar hoy, en el nombre de Ignacio Ellacuría, al hombre al que él convenció de la solución negociada. Sería absurdo que los protagonistas de estas negociaciones, los ex-dirigentes guerrilleros, dejaran pasar esto, o que incluso lo promovieran.

"Ahora está defendiendo hasta a los asesinos de los mártires jesuitas", me van a decir los que no entienden nada de nuestra historia. Pero no se trata de defender a personas, sino al edificio que hemos construido negociando la paz, facilitando la amnistía, emprendiendo el camino de la reconciliación.

Varios tienen culpa que ahora, a 16 años, todavía andemos en esta discusión. Esta situación la hubieran podido evitar los dirigentes del Frente con una posición clara respecto a la amnistía.

La culpa la tienen también --sobre todo-- los presidentes areneros, empezando por el mismo Alfredo Cristiani, que no han tenido el valor, la humildad ni el carácter para reconocer los crímenes cometidos y pedir perdón en nombre del Estado. Al igual que los mil campesinos de El Mozote, los padres jesuitas fueron asesinados por el Estado, en nombre del Estado.

Tal vez todo esto todavía tiene reparo. No es tarde para que los signatarios de la paz de ambos bandos se pronuncien. No es tarde para que los dirigentes del Frente tomen una posición inequívoca asumiendo y defendiendo la amnistía que los ha favorecido igual que a los militares. Y no estoy hablando de la amnistía como cuerpo de ley, sino de la amnistía como un principio, como una manera de superación de conflicto.

No es tarde para reparar la falta de carácter que han mostrado los cuatro areneros que han llegado a la presidencia. Nada impide al hombre que quiere ser el quinto arenero presidente a mostrar su valentía y liderazgo diciendo: "Al ser investido presidente de la República, solicitaré a los hermanos jesuitas que me inviten a la UCA, al jardín de las rosas donde descansan los padres asesinados y sus dos colaboradoras, para pedir, como máximo representante del Estado salvadoreño, perdón por los crímenes cometidos en su nombre".

No se trata de olvido. Pero tampoco de buscar penalización. Se trata de esclarecer, y se trata de perdonar. Para esto, primero los victimarios tienen que pedir perdón. Así como ningún presidente arenero ha pedido perdón por los crímenes cometidos por el Estado, tampoco Salvador Sánchez Cerén ha asumido públicamente la responsabilidad por las ejecuciones sumarias que su organización hizo en San Vicente. Si los máximos responsables de ambos bandos beligerantes pidieran perdón, nadie necesitaría ir a España a buscar justicia.

Con un solo gesto, se hizo posible el difícil proceso de reconciliación entre Alemania y Polonia: En 1970, el jefe del gobierno alemán Willy Brandt, visitando Varsovia y rompiendo el protocolo, se arrodilló frente al monumento en honor a los millones de polacos y judíos asesinados por los alemanes. La ultraderecha alemana lo acusó de traidor por este gesto, el resto de la sociedad alemana y el mundo lo admiraron por su valor. Ese día en Varsovia, el político Brandt se hizo estadista, el padre de la reunificación de Europa.

*Periodista de origen alemán y editor de Siguiente Página.

http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=3042145

Te gustaría que ellos esten en el poder?

Guerrilleros del FMLN destruyendo puente en EL SALVADOR

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El FMLN según un sector de veteranos del ERP


El Comité Cívico por la Paz, la Democracia y el Desarrollo es agrupa a un sector de ex veteranos del ERP, y a propósito del proceso electoral han hecho circular un documento en el que se plantea en síntesis que ni ARENA ni el FMLN constituyen la alternativa para superar los problemas nacionales; descarta como opción a los pequeños partidos de centro, y propone: "Ante el escenario de que ninguno de los partidos políticos ofrece soluciones convincentes, la alternativa es ir a votar, pero votar por ninguno. Si logramos un número regular de votos por Ninguno estaríamos sembrando la semilla para la construcción de un nuevo movimiento cívico por la paz y la democracia, capaz de influenciar tendencias en el período pos-electoral".

Redacción CA21
redaccion@centroamerica21.com


El Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, surgió a principios de los años setentas y llegó a ser una poderosa organización político-militar, decisiva en el empuje de la guerra civil y en su desenlace por la vía del diálogo y la negociación.

Finalizado el conflicto, el ERP intentó imprimir un giro del FMLN hacia la socialdemocracia; derrotados en ese esfuerzo, la mayoría de sus militantes abandonaron el FMLN, intentaron fallidamente fundar un nuevo partido y terminaron por dispersarse.

En los últimos años, sin embargo, un creciente número de sus veteranos han comenzado a reagruparse, aunque sin un claro o expreso propósito de participar como organización en la competencia político-electoral. Recientemente, un sector de esos veteranos, autodenominado Comité Cívico por la Paz, la Democracia y el Desarrollo, presentó una propuesta como insumo para el debate por un consenso nacional.

El documento, que ha circulado por internet, plantea en síntesis que ni ARENA ni el FMLN constituyen la alternativa para superar los problemas nacionales; descarta como opción a los pequeños partidos de centro, y propone: "Ante el escenario de que ninguno de los partidos políticos ofrece soluciones convincentes, la alternativa es ir a votar, pero votar por ninguno. Si logramos un número regular de votos por Ninguno estaríamos sembrando la semilla para la construcción de un nuevo movimiento cívico por la paz y la democracia, capaz de influenciar tendencias en el período pos-electoral".

La crítica a las extremas

Este sector de veteranos del ERP plantea que los gobiernos de ARENA han sido desastrosos para el país: "Veinte años de ARENA en el gobierno han demostrado de sobra que su prioridad no es el desarrollo de El Salvador, sino el lucro y la utilización del gobierno en favor de un pequeño grupo de personas económicamente poderosas".

Según su análisis: "ARENA ha hecho colapsar a El Salvador y por más que ahora, previo a las elecciones, trate o simule reinventarse en su interior, no podrá cambiar lo suficiente como para re encausar al país por la senda del desarrollo y el fortalecimiento de la democracia (...) Un gane de ARENA sólo puede ofrecer, en el mejor de los casos, más de lo mismo, y eso es inaceptable".

Pero una vez planteado lo anterior, los veteranos del ERP enfilan sus críticas hacia el FMLN, señalando aspectos reveladores de la disputa histórica entre la moderación y el extremismo dentro de la izquierda salvadoreña. En Centroamérica 21 hemos abordado desde diferentes ángulos dicha disputa. Por ello presentamos ahora, de manera literal, ese apartado específico del documento en cuestión:

¿Ante un desastroso "viejo conocido" es preferible un "nuevo por conocer"?

Primero debemos analizar si es que en realidad el FMLN es algo "nuevo por conocer". Evidentemente, el Frente ni es nuevo ni estamos por conocerlo. Es una organización con 28 años de historia, de los cuales 12 son de historia político militar y 16 son de historia político partidaria. En resumen, el Frente es una organización más antigua que ARENA. El Frente ha estado en la Asamblea Legislativa desde hace 14 años, ha gobernado muchas alcaldías, incluyendo numerosas cabeceras departamentales, y ha demostrado de sobra su incapacidad de liderar posiciones de consenso en la Asamblea Legislativa.

Al hablar del Frente, es de rigor hacer una marcada diferencia entre el Frente histórico y el Frente partido político. El Frente histórico era innegablemente una organización mucho más pluralista, integradora y propositiva de lo que es hoy en día. En su seno coexistieron por 12 años al menos dos visiones de mundo bien diferenciadas entre sí. Además, alrededor del Frente se aglutinaba una serie de planteamientos plurales que se materializaban a través de organizaciones gremiales, sindicales, comunales, religiosas, académicas, etc. que constantemente ejercían influencia a la vez que eran influenciadas por el Frente. Esta relación de mutua influencia hizo posible la evolución continua del Frente aun en los años más duros de la guerra, ya que el Frente tenía la capacidad de escuchar y ser escuchado.

Esos años de pluralismo en el Frente quedaron en la historia. Ahora el frente está dirigido por una organización enquistada en sus entrañas (el Partido Comunista Salvadoreño -PC). El PC es un grupo de personas dogmáticas/extremistas en su discurso y en sus acciones, siempre y cuando no signifique arriesgar su "propio pellejo", como lo demostraron en la guerra con su escaso protagonismo político-militar y estratégico. El Frente está carcomido por éste grupo y poco o nada queda de aquella solidaridad, integridad moral y capacidad intelectual que existía en el Frente histórico.

El Frente dejó de ser propositivo y se ha convertido en un partido reaccionario, conservador, contestatario, excluyente, intolerante, revanchista y lleno de odio que no permite ni la más mínima expresión de debate, lo que limita toda posibilidad de desarrollarse. Sus seguidores se caracterizan por ser contestatarios, ofensivos y hasta vulgares en sus respuestas hacia posiciones contrarias a las suyas. Este no es ni por cerca el Frente por el que muchos compañeros dieron su vida. La capacidad intelectual y propositiva abandonó al Frente hace mucho tiempo ante la incapacidad de éste para aceptar el debate y tolerar las diferencias. Desde su estrecha visión de mundo, todo aquel que disienta de la posición que el PC ha instituido en el Frente se convierte automáticamente en un traidor, vendido, derechista, arenero,... y la letanía continua hasta llegar a calificativos vulgares.

El Frente perdió su capacidad conciliadora. Son los primeros en hablar o incitar a la violencia, olvidándose que los primeros jóvenes guerrilleros se armaron no porque así lo quisieran sino porque todas las otras vías se habían agotado.

El Frente perdió su capacidad de consenso, tal es así que ni siquiera pudo negociar exitosamente la candidatura presidencial ni la candidatura para la Alcaldía de San Salvador con los que lógica e ideológicamente podrían ser sus aliados naturales, como es el caso del CD y el FDR.

Si no han sido capaces de consensuar ahora que se encuentran en la lucha por el poder, ¿qué nos puede hacer pensar que sí lo harán en caso de ganar las elecciones? En guerra el frente mantuvo una alianza estratégica con el antiguo FDR, que a pesar de ser una organización muy pequeña, contribuyó grandemente a robustecer la parte política, negociadora e incluyente del Frente, pero eso ya se acabó.

Ahora nadie que no repita el discurso incendiario del PC es lo suficientemente confiable para asumir responsabilidades dentro del partido, esto incluye a su candidato presidencial y a su grupo de amigos, los cuales quedaron relegados a las tareas de recaudación de fondos y a vitorear a su candidato como lo haría cualquier grupo de fans por su artista favorito.

En Centroamérica 21 desconocemos qué respuesta ha tenido la propuesta en cuestión por parte del resto de los veteranos del ERP, pero por numerosos antecedentes estamos seguros que, al menos en lo relacionado a los señalamientos hacia el actual FMLN, se trata de una postura compartida.

http://centroamerica21.com/edicion84/pages.php?Id=552